EL TEATRO DE LA MEMORIA
de Pablo de Santis
Solo escribimos lo que sabemos, solo imaginamos en cuanto conocemos. La imaginación es un espejo sinuoso, presuntuoso, de lo real, lo real y no la realidad, la realidad es otro espejo de lo real, difuso, presuntuoso también y cruel. La realidad se alimenta de hechos, lo real de hechos, mascaras de hechos y presuntuosos espejos. Lejos, muy lejos de esto esta la imaginación, o cerca, muy cerca. Como ese de feria de Bradbury, espejo que nos hace ver gordos o flacos, altos o bajos, es la imaginación, lo que el espejo común y corriente, el que vemos todos los días al levantarnos colgado en la pared del baño es a la realidad. La, si se quiere, paradoja es el espejo que define a lo real (si es que lo real se puede definir con un espejo), un espejo de espejos: Un espejo inventado en donde se mueve la mano derecha si nosotros movemos la mano derecha.
Todo arte es un simulacro, por que ahí donde lo real se deja ver, el arte pierde consistencia. La imaginación es una mascara de los hechos, el arte es una mascara también, una mascara nueva, nunca antes vista.
Pablo de Santis escribe sobre las mascaras, y sobre lo que estas ocultan; en ésta, su ultima novela lo hace sobre la memoria.
Como por un espejo vemos pasar a los personajes del relato, como al revés del mundo, distorsionados, haciéndonos pensar que hay verdadero arte en la pluma del artista, y no nos equivocamos, Pablo de Santis es uno de los escritores cultos, originales y talentosos de esta orilla del tiempo; como en La traducción, como en Filosofía y letras, en El teatro de la memoria, con armas clásicas, amparado en géneros como el ensayo, la novela policial o el cómic, nos brinda una gran obra, de rápida y agradable lectura, e inteligente desarrollo.
Debido a que uno de sus pacientes olvida, ida tras ida su nombre, el personaje central de El teatro de la memoria, recibe el irónico apodo de Dr. Nadie, sumado a la indiferencia de los compañeros en su nuevo trabajo, el ala de neurología de un hospital del estado, a raíz de su antiguo empleo en el Instituto Mauricio, que lleva el nombre de un neurocirujano, muerto recientemente, famoso por su capacidad como medico pero también por sus excentricidades. El azar hará que nuestro Dr. Nadie atienda a un nuevo paciente del hospital que ha perdido por completo sus recuerdos, a cuya recuperación se abocará y con cada pequeño avance se ira dando cuenta de la relación del enfermo con el Dr. Mauricio, dando pie al inicio de una búsqueda que desencadenara un gran final. Se reencontrará con los socios de Mauricio, se relacionara con la ex esposa de su paciente con quien, en el departamento de este encontraran un rompecabezas de datos que lo irán acercando al Instituto, como al centro de un tifón.
Utilizando una suerte de policial, el autor nos sume en el universo de la neuropsiquiatría, donde como en el mundo existen los celos, las envidias, los actos de valor y el amor. y, arrastrándonos entre investigaciones, locura, idas y vueltas, llegamos a un final certero, ligado a la ciencia-ficción (ese otro genero tan frecuentado por nuestros escritores), que sorprende. La memoria es el tema central de la obra, como, se me antoja, es el tema central de casi todo el arte: con palabras de P. Shelly el arte es un reflejo de la memoria del mundo.
La memoria a jugado aquí el papel de mascara, de espejo de lo real, deforme. Espejo en el que solemos mirarnos, buscarnos.
Pablo de Santis es guionista de cómics, ha escrito ensayos sobre historietas, novelas juveniles, ha dirigido colecciones y ha sido jurado especialista en historietas en programas de televisión.
Hace algunas semanas, charlando con una amiga librera, me dijo que había ya un grupo, como una cofradía diaspórica, que leía a de Santis, que esperaba su obra siguiente, me alegró, el escritor es ya parte del presente de las letras del país y además, es también parte del futuro.
Daniel Capretti.